Inglaterra hacia 1380
En 1380 Juan Fernández Andeiro, hombre fuerte en la corte lusa, se presentaba ante el rey Richard II para firmar un tratado de amistad como tenían desde antiguo, y renovar también el acuerdo entre Fernando I de Portugal y el duque de Lancaster, como esposo de la heredera de la corona castellana. Para John de Gante era imposible ocuparse de Castilla en aquellos momentos, la situación inglesa seguía reteniéndole. Así que acordaron que sería el conde de Cambridge, Edmund de Langley, esposo de Isabel de Castilla, quien con un ejército de 1000 lanzas y 1000 arqueros iría a atacar junto al rey Fernando I. En julio, el rey inglés recibía una carta de los reyes Leonor y Fernando de Portugal confirmando la alianza con el duque de Lancaster, como rey de Castilla, y le prometían recibir al conde de Cambridge y ayudarle en la guerra contra aquel reino.
Por entonces estaba iniciándose la elaboración del Libro de los Benefactores de la abadía de San Alban, que recuerda la presencia de Constanza de Castilla en Inglaterra. Era un manuscrito que recogía los nombres y retratos de todos sus donantes con las ofrendas realizadas: “(...) como un registro de los miembros de la cofradía de la Abadía, (...). Según el prefacio, cualquier persona que hiciera una donación podía ser admitida en la cofradía, lo que les otorgaba una lujosa ceremonia de introducción, beneficios espirituales y un recuerdo en este prestigioso libro.” (1)
La compilación de los documentos la realizó Thomas Walsingham, el monje director del scriptorium de la abadía, que también escribió contra John de Gante. El amanuense fue un monje de San Alban, y el pintor o iluminador era un artista laico que dio su trabajo y los pigmentos utilizados como donativo para aparecer entre los benefactores. “Las personas asumen diferentes posturas, rasgos faciales, expresiones y gestos. Visten trajes detallados apropiados a su rango social y muchos de ellos se muestran con orgullo sosteniendo los objetos preciados que donaron a la Abadía. Aunque no está claro si reflejan fielmente la apariencia real de las personas que representan, los retratos dan una impresión vívida de una variedad de personalidades y estilos de vida.” (2)
En el folio 110v se encuentra Constanza en un hermoso retrato en el que aparece de medio cuerpo, luciendo un velo blanco sujeto por una diadema de oro con florones, lleva un brial de color rojo oscuro ribeteado con pasamanería dorada, tiene un brazalete plateado en el brazo, y la manga, muy pegada, está toda cerrada con botones. Con el brazo izquierdo levantado, en la mano sujeta un paño rojo vivo, que también agarra con la mano derecha y en esta tiene un saquito blanco lleno de monedas, el monedero sale del recuadro en un primer plano. En el texto dice “Donna Constantia …” (3) Posiblemente no es su retrato, pero refleja muy bien a una dama elegantemente vestida, joven, airosa, bella, con movimiento por la postura de sostener el paño con el brazo izquierdo alzado. Su ofrecimiento había sido un rico paño y una cantidad de libras.
La situación social y económica de Inglaterra se había deteriorado mucho, el nuevo impuesto que gravaba a todos sin tener en cuenta la capacidad de cada uno, fue la gota que colmó el vaso, de los muchos problemas que se arrastraban causados por la peste negra. En 1381 un levantamiento popular de furia y venganza se extendió por los condados cercanos a Londres, y atacaron directamente las propiedades y sirvientes del duque de Lancaster. Esto afectó a Constanza, que volvió a tener el miedo que había sentido a veces en Castilla. Hombres de los condados próximos a Londres se dirigieron a la capital, donde se les unieron londinenses, todos hartos de pobreza por el tributo, la mala administración y la falta de alimentos, y allí desataron toda su rabia.
El primer objetivo fue el palacio de Savoy, el más hermoso, rico y espléndido de Inglaterra, arrancaron y rompieron telas de oro y plata, tapices, destrozaron muebles, vajillas, cristalerías, joyas, que tiraban al suelo o arrojaron al río, demolieron paredes y le prendieron fuego. Era el odio al duque de Lancaster, como máximo representante del poder y la riqueza.
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| Los campesinos de Wat Tyler queman el palacio Savoy en Londres, a. 1381,
Por Alfred Garth Jones (1872–1955) - Painting in my ownership, FAL, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10319940 |
Mataron a los sirvientes que encontraron, y siguieron con su violencia hacia el este, donde hicieron grandes destrozos en el castillo de Hertford. Constanza había tenido noticias de lo que pasaba en Londres, y decidió marcharse con su gente hacia el norte. “Aún más extraordinaria es la historia de la duquesa Constanza y su huida. Cuando los rebeldes entraron en Londres, la duquesa probablemente se encontraba en Hertford, su residencia habitual, y al primer aviso del estallido se apresuró al norte con la intención de unirse al duque en la frontera. Pero Constanza llegó a Pontefract (un castillo propiedad de John de Gante situado al norte de Inglaterra) y encontró que le cerraron las puertas en su cara. El cobarde que tenía el castillo para el duque no se atrevió a dejar entrar a su dama, y ella desde Pontefract cabalgó, esa misma noche, hasta Knaresborough (otro castillo del duque más al norte) a la luz de las antorchas.” (4) Podemos imaginar a Constanza con la comitiva de sus damas, los oficiales de su casa, caballeros de armas y el servicio alumbrando el camino y marchando lentamente. Esta huida debió de recordarle las que tuvo que hacer en Castilla y Portugal con su padre, y la final desde el castillo de Carmona a Sevilla. En Knaresborough se reunió con su esposo, que se encontraba allí por las conversaciones que estaba teniendo con los escoceses.
John de Gante estuvo un tiempo en Escocia, y regresó hacia el sur para volver a la corte. En su vuelta paró en el castillo de Pontefract, donde el alcaide había ofendido a Constanza cerrándole la puerta y provocando que tuviera que marchar de noche, y le impuso una multa sobre sus posesiones y bienes. Ella seguía con preocupación los problemas que rodeaban a su esposo, aunque sabía que, como buen Plantagenet, podía encauzarlos con su sabiduría y poder. Ante el rey en el Parlamento, el conde de Northumberland reconoció haber promovido la revuelta contra al duque, y a este le llamó “mi señor de España” y le pidió perdón.
Para Constanza, la continuación de aquellas sesiones del Parlamento tenían un gran significado, su esposo solicitó un adelanto de 60.000 libras para pagar un ejército de 2000 hombres y 2000 arqueros durante 6 meses, para realizar su entrada en Portugal y Castilla. Ponía parte de sus posesiones como garantía del préstamo y se comprometía a pagarlo en un plazo de tres años en dinero o en servicio según eligiera el rey. Por fin podrían iniciar el proyecto que ambos habían fraguado durante tantos años de espera desde que se casaron.
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| Salón y Puente de Westminster, dibujo, 1808,
Por Thomas Rowlandson (1756–1827) and Augustus Charles Pugin (1762–1832) (after) John Bluck (fl. 1791–1819), Joseph Constantine Stadler (fl. 1780–1812), Thomas Sutherland (1785–1838), J. Hill, and Harraden (aquatint engravers), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=586026 |
El Parlamento se mostró reticente, y John les recordó que el conde de Cambridge, Edmund de Langley, estaba en Portugal con un ejército inglés y había que asistirle, además de los problemas que las flotas castellana y francesa les había provocado entrando por el Támesis. En otoño parecía que iba a acceder a enviar ayuda al conde de Cambridge. La idea era una rápida y eficaz campaña que traería de vuelta al duque como rey de Castilla. Por fin se aprobó el presupuesto y amplió el número de hombres de armas, pero era tarde, porque mientras tanto en Portugal los hechos habían ido por otro camino, la reacción inglesa había sido muy lenta y la realidad entre Portugal y Castilla iba mucho más rápida, porque el 9 de agosto de 1382 ambos reyes firmaban un acuerdo de paz. El duque de Lancaster estaba haciendo preparativos para la expedición, cuando llegó la noticia: “Hasta el final, el duque nunca perdonó las torpes medidas a medias del gobierno y la incompetencia de su hermano, y diecisiete años después, en su testamento, declinó expresamente cualquier responsabilidad por el costo de la expedición de Cambridge.” (5)
Los resultados de su hermano fueron muy negativos para los deseos de Constanza y John, que volvían a ver aplazado su proyecto de reinar en Castilla, además el Parlamento se puso en contra del duque porque consideraban el gasto realizado, un despilfarro para las arcas reales. El conde de Cambridge, con Isabel y Edward, regresaba a Inglaterra en diciembre de 1382 irritado y humillado, la campaña había sido inútil, los hombres que mandaba se le habían amotinado, su gobierno no le había apoyado y Fernando había llegado a un acuerdo con su enemigo sin comunicárselo.
Juan Gutiérrez, obispo de Dax, continuaba trabajando para John de Gante. Mantener su diócesis le era difícil, pues aunque pertenecía a Gascuña, y él había sido nombrado por Urbano VI, el papa de Roma, estaba rodeado de territorio declarado por Clemente VII. Parte de su diócesis al norte era controlada por la casa de Albret, con el obispo Jean Beauffès que después lo fue de Vic, un clementista, y al sur, que lindaba con el reino de Navarra era importunado por el rey Carlos II. En aquel momento se encontraba en la península, donde había viajado para gestiones del duque en Aragón, Navarra y Castilla, además de discutir los términos de una solución a la rebelión del conde de Armañac, que era vasallo de John de Gante.
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| El monje a orillas del mar, óleo sobre lienzo, 1808-1810, Caspar David Friedrich, Antigua Galería Nacional, Berlín,
- Google Arts & Culture — KwEv_TMiJhn5kA, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=13266070 |
La situación de Portugal propició una nueva oportunidad para los deseos de la pareja. La entrada del rey de Castilla en el reino vecino acabó desembocando en guerra, el hombre fuerte que encabezaba el movimiento contra el castellano era el maestre de la Orden cisterciense de Caballería de Avís, que envió a dos embajadores a pedir ayuda a Inglaterra. Reclutaron arqueros y guerreros a sus expensas para apoyar al ejército portugués, y serán fundamentales para ganar la independencia de Portugal frente a los castellanos. Los embajadores permanecieron en Inglaterra más de dos años resolviendo la marcha de la tropa reclutada y preparar los tratados de alianza y libre comercio en Portugal para los comerciantes ingleses, y regresarían a la península embarcados con John de Gante.
Recuperar el trono de Castilla, julio de 1386
Proyectó de nuevo la recuperación del reino heredado por su esposa. Su hija Catalina también participaba del entusiasmo materno, conocía muy bien toda la historia y marcharía con sus padres a La Coruña. Pero el duque tenía que resolver antes otros problemas de Inglaterra. Rápidamente, Joâo, que había sido elegido rey en abril, comunicó la victoria de Aljubarrota en agosto de 1385, y animó a Lancaster a recuperar el trono de Castilla. Tanto el rey Richard como el Parlamento inglés decidieron financiar su expedición con 1500 lanzas, 1500 ballesteros y la marina. El papa Urbano VI publicó una bula exhortándole contra el hijo del intruso Enrique y defensor del “cismático” Clemente VII, y le concedió el carácter de Cruzada. Plymouth y los puertos cercanos hervían de actividad, acumulando tropas y víveres. John y Constanza se despidieron formalmente de la corte de Richard II en marzo, el rey les regaló entonces coronas de oro, un buen símbolo y presagio para su partida como reyes de Castilla.
El duque de Lancaster salió hacia el sur acompañado de Constanza y de Catalina, la hija de ambos, de Philippa, la hija mayor con su primera esposa, e Isabel, la menor. Fue entonces cuando se desencadenó una tormenta familiar, la pequeña estaba embarazada, el padre era John Holland, un hijastro de Edward de Woostock y, por lo tanto, medio hermano del rey Richard II.
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| Escultura yacente del sepulcro de Isabel de Lancaster, hija pequeña de John de Gante con su primera esposa, Blanche de Lancaster, Iglesia de Santa María, Burford, Reino Unido,
Por Mike Searle, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40409435 |
John de Gante enfureció y requirió que se anulase el anterior matrimonio de su hija, que no se había consumado por ser menor el novio, y la nueva boda se llevará a cabo inmediatamente en Plymouth. La pareja marchó en la expedición a Portugal, Holland nombrado condestable por el duque, y al año siguiente en la corte portuguesa Isabel tendrá una hija a la que pusieron el nombre de Constanza, en honor a su madrastra, Constanza de Castilla. Desde Plymouth partieron el 8 de julio de 1386. El buen tiempo y la brisa del Atlántico alegrarían a Constanza y a Catalina, que acababa de cumplir catorce años, iban llenas de esperanza, la reina por fin regresaba a su tierra y la princesa la conocería.
Arribaron a La Coruña el 25 de julio, día de Santiago y se dirigieron en seguida a la capital del mismo nombre, los clérigos salieron a recibirlos y les acompañaron a la catedral del santo a postrarse ante la tumba del apóstol. Fueron bien recibidos porque aún quedaban nobles y caballeros leales a Pedro I, que les rindieron vasallaje, agasajaron a su heredera la reina Constanza y le besaron la mano. El Duque había enviado a Juan I una comunicación afirmando su derecho al trono y su presencia en Galicia. Llegaron embajadores del rey de Castilla y comenzó una discusión sobre el desafío del duque y la legalidad de su reclamación. Juan Gutiérrez, obispo de Dax, le acompañaba entre sus consejeros y fue quien respondió al día siguiente. La embajada castellana escondía una parte secreta como solución: la boda de Catalina de Lancaster con Enrique, el heredero de Juan I. No hubo concreción alguna y los embajadores partieron.
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| Constanza de Castilla y John de Gante llegan a Santiago de Compostela y los ciudadanos le entregan las llaves de la ciudad, miniatura, manuscrito, s. XV, Crónicas, Jean Froissart, BnF,
By Anonymous - Français 2645, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9915660 |
Notas
(1) Jackson, E., The St Albans Benefactors’ Book: precious gifts and colourful characters, Medieval manuscript blog, The British Library, 27 de mayo 2020. (Traducción propia).
(2) ibidem.
(3) The British Library, Cotton Ms nero D VII fol 110v.
(4) Armitage-Smith, Sidney, John of Gaunt, p. 301, Nueva York, 1873. (Traducción propia del original en inglés). https://archive.org/details/johnofgaunt001003mbp
(5) Ibidem, p. 268.
En el monasterio de San Salvador de Celanova (Orense)
El duque, su familia y sus gentes fueron a instalarse en Orense, más próxima de los caminos hacia la meseta, aunque también la corte se aposentó en el monasterio benedictino de Celanova, para acudir a la cita con el rey portugués cerca de la frontera, en Ponte de Mouro. John de Gante iba acompañado de numerosos caballeros ingleses, gallegos y castellanos. El rey y maestre de Avís iba vestido con una saya larga de seda blanca con la cruz de san Jorge y sus caballeros igual, pero de fustán blanco, un tejido de algodón más basto, que llevaba también la cruz del santo. (1)
Resultaba sorprendente ver al todavía monje cisterciense con su hábito blanco y la cruz de san Jorge bordada en el pecho, negociar su matrimonio con una de las hijas del duque. Aunque hacía años que no había respetado los votos realizados, pues siendo maestre ya había tenido relaciones con una mujer y tuvo dos hijas.
Mientras el duque se dedicaba a negociar y preparar la entrada en Castilla, sus oficiales y el ejército iban avanzando en la toma de Galicia, que quedó prácticamente a su disposición. Las negociaciones duraron varios días y, como estaban cerca, John de Gante, su familia y consejeros marchaban cada tarde a sus aposentos en el monasterio de Celanova. Para las reuniones en Ponte de Mouro, el rey de Portugal tuvo la ironía de utilizar una gran tienda que había pertenecido al rey de Castilla, y que los portugueses le habían tomado al vencerlo en la batalla de Aljubarrota. (2) En esas conversaciones participó Constanza que se negó a que fuera con Catalina, la menor de las dos, pero fundamentalmente porque era la heredera de la corona de Castilla, y casarse con Joâo de Avís le complicaría la herencia. Entonces se estudió el casamiento con Philippa y se realizaría su boda por procuración, mientras el maestre obtenía la dispensa del papa. En el monasterio benedictino firmaban como reyes de Castilla el tratado de alianza y del casamiento de Joâo de Avís con Philippa. (3)
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| Fachada del monasterio de San Salvador, Celanova, Orense,
Por Lansbricae de Wikipedia en gallego - Transferido desde gl.wikipedia a Commons., CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2664903 |
La familia debió de pasar las fiestas de Navidad en Celanova, porque en febrero el rey Joâo de Avís recibía a Philippa en Oporto, la joven tenía unos veintiséis años, y él alrededor de veintinueve. Joâo no había obtenido aún la dispensa del papa, por su condición de maestre de una orden de caballería cisterciense, que debían permanecer célibes y tenían voto de castidad, dejaría de ser maestre, pero se llamará Joâo de Avís. Cuando la pareja se conoció, él le regaló: “(…) un firmal (joya en forma de broche) de ouro, en que era posto um gallo com ricas pedras e aljofar maravilhosamente feito, e ella enviou a elle outro, em que era uma aguia bem obrada con pedras de gran valor. (4)
Las bodas de Philippa de Lancaster con Joâo de Avís, catedral de Oporto, 1387 y
de Catalina de Lancaster con Enrique III de Castilla, catedral de Palencia, 1388
La ceremonia a la que no asistieron John de Gante y Constanza, según afirma Fernâo Lopes, se celebró en la hermosa catedral de la ciudad, que rápidamente había sido engalanada con tapices y guirnaldas, y estrados para los novios, que iban vestidos con ricas ropas de seda y oro, y cubiertos, ella con una hopalanda de brocado de lana carmesí, oro y perlas y una corona de oro y piedras preciosas sobre un velo de cendal celeste finísimo, y él con una capa de rojo casi morado forrada de armiños y ribeteada por la misma piel, y también con la corona de oro. La oficiaría el arzobispo de la diócesis, en cuyo palacio se realizaron parte de las fiestas y se albergaron los novios, y probablemente las hermanas de la novia.
La catedral y el palacio del arzobispo estaban cercanos, y el camino lo habían embellecido con colgaduras y tapices y el suelo cubierto con plantas olorosas. Los grandes nobles ingleses que acompañaban a Philippa ocupaban lugar preferente, así como los altos cargos que habían apoyado a Joâo de Avís. Las calles de Oporto estaban adornadas con guirnaldas y banderas. Los reyes salieron en caballos blancos con monturas ricamente enjaezadas. Las bodas se celebraron con banquetes, se aderezaron zonas para hacer “matinadas de noite”, que hubiera música y bailes, cantos de juglares, mimos, malabarismos, y hacer juegos y trebejos. Habían preparado una gran plaza delante del monasterio de Santo Domingo para que los caballeros e hidalgos justaran y compitieran en torneos durante varios días. Después el rey Joâo de Avís le dio casa con los oficiales necesarios, damas y doncellas, así como rentas, hasta que pudiera hacer efectiva la entrega de los lugares y villas que había comprometido darle.
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| Boda de Philippa de Lancaster con Joâo I de Portugal, catedral de Oporto, 1387, miniatura, manuscrito, Crónicas de Francia y de Inglaterra, s. XV, Jean de Wavrin, British Library Royal MS 14 E IV, Dominio público,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=442725 |
Mientras se hacía la entrada en Castilla, es muy probable que las hermanas de la reina Phlippa, Catalina e Isabel, que además estaba embarazada, permanecieran con ella en Portugal para protegerlas de incomodidades y peligros. Pero ahora Joâo de Avís marchó con ella de Oporto para reunirse con el duque y Constanza, que se encontraban en tierras portuguesas en una aldea cercana a Braganza, mientras que los reyes de Portugal se alojaron en el monasterio benedictino de Castro de Avelâs, muy cerca de allí.
En marzo John de Gante y su yerno Joâo de Avís entraban en Castilla desde Braganza. Es posible que en ese tiempo Constanza, Catalina e Isabel fueran a visitar a Philippa en Oporto y que Catalina e Isabel quedaran viviendo durante un tiempo con ella en los palacios del arzobispo, donde tenían sus aposentos, mientras Constanza regresaba a Celanova. Los ejércitos del duque y del rey de Portugal avanzaban y tomaban pueblos y lugares de Castilla, pero el verdadero enemigo de los arqueros, lanceros y caballeros ingleses fue la disentería y la peste, que estaban acabando con los que habían quedado tras los estragos en Galicia. Exhaustos, sin medios, rodeados de enfermedad, Lancaster tuvo que tomar la decisión de aceptar el primer ofrecimiento secreto de Juan I de Castilla, casar a su hijos y cerrar la querella dinástica. Los duques recibieron la embajada de Juan I en Trancoso, donde comenzaron unas largas y complejas negociaciones, porque había muchos aspectos que considerar, y se decidía el futuro de Catalina. Más tarde el acuerdo se completaría en Bayona.
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| John de Gante es agasajado en un banquete por Joâo I de Portugal, miniatura, manuscrito, Crónicas de Inglaterra, vol. III, f. 244v, s. XV, Jean Wavrin, BL Royal MS 14 E IV, British Library. |
La recuperación del trono de Castilla se esfumaba para Constanza, las condiciones y circunstancias que habían rodeado el proyecto habían sido difíciles, se habían torcido o habían sido entorpecidas por numerosos sucesos. Era hora de renunciar al sueño castellano que la pareja había mantenido a lo largo de los años desde 1371. El matrimonio entre el heredero castellano y Catalina era la única opción que quedaba, ponía en el trono castellano a una nieta de Pedro I, y salvaba a Juan I de la ilegitimidad. Constanza y John negociaron duramente en todo lo que se refería a su hija, y a ellos que estaban perdiendo el deseado reino.
El rey Juan daría como arras a Catalina: Soria, Almazán, Atienza, Deza y Molina; a Constanza por su vida: Guadalajara, Medina del Campo y Olmedo; y al duque una cantidad de dinero por los gastos que había tenido que hacer, 600.000 francos de oro pagaderos en varios plazos, y 40.000 francos anuales mientras viviese la pareja, y abandonaban el requerimiento del reino de Castilla.
Había otras cuestiones que interesaban especialmente a Constanza: tenía en su corazón el desenlace de la sangrienta tragedia que había vivido su padre, y al final estar enterrado de mala manera, lo que ella quería haber solucionado en cuanto pudiera ejercer como reina de Castilla, y que no podía quedar sin tratar, ahora que ya no lo sería: además la liberación de los hijos y descendiente del rey Pedro I, que su hermanastro había encerrado en prisión. Alguno, como Sancho, habían muerto en seguida por las malas condiciones de su cárcel, pero otros seguían viviendo privados de libertad de por vida, así como sus nietas y nietos. A todos ellos devolverles las propiedades que le pertenecían y el lugar preeminente que les correspondía.
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| Fresco del presbiterio de la iglesia de Santiago, Puebla de Alcocer, Badajoz, donde existe la tradición de que los restos del rey Pedro I de Castilla estuvieron enterrados un tiempo, para ser trasladados después a la Capilla Real de la catedral de Sevilla,
Por Frufaro - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5025504 |
Pero tendrá que ser Catalina la que se encargue de ellos con un cariño y una dedicación extraordinarias, porque en el tratado se dejó para estudiarlo durante dos años más. También estaba lo concerniente a Pedro de Castro, el hijo de Fernando de Castro, el fiel y leal ricohombre de Galicia que había apoyado a Pedro I y a sus hijas hasta la muerte, y se trataba de devolverle su patrimonio. Por último, como importante compromiso de John de Gante con su sobrino el rey Richard II se encontraba el llegar a un acuerdo entre Castilla e Inglaterra, apartado este que quedó pendiente de firma.
Constanza tendría las villas con todas sus rentas, derechos y justicias, salvo el señorío y la soberanía del rey, y las fortalezas que había en ellas las tendría por mandato del rey y a sus expensas. La duquesa nombraría oficiales castellanos para dichas villas.
Entonces Joâo mandó naves a Oporto para que llevaran al duque y a sus gentes a Bayona, donde se seguirían las conversaciones con embajadores de Castilla para el acuerdo que se preparaba. Tras unos días de solaz, los duques, sus hijas Catalina e Isabel, los consejeros, los pocos nobles y las tropas que le quedaban partían de la ciudad. Era septiembre, John de Gante y Constanza habían vivido entre Galicia, Castilla y Portugal poco más de un año, y regresaban a tierras inglesas en Gascuña. Allí recibirían la embajada de Juan I, y se estudiaría y acabaría el texto del acuerdo que fue firmado por las partes.
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| Fuenterrabía, Guipuzcoa, vista desde Hendaya, Francia, con el río Bidasoa,
Por JLPC - File:Fontarrabie_depuis_Hendaye_2012.jpg, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=58367112 |
A los dos meses de la firma, Catalina retornaría a Castilla, fue acompañada de prelados y caballeros del duque a Fuenterrabía, donde la recogió un séquito castellano. El rey la esperaba en Palencia para realizar los desposorios por palabras de presente en la catedral de San Antolín, (que se encontraba en construcción) hasta que el novio, que sólo tenía nueve años, tuviera los catorce y pudiera realizarse el matrimonio religioso y consumar el matrimonio. A partir de ahora la joven viviría en la corte castellana cerca de su esposo, rodeada de sus damas y doncellas. Ella y sus hermanas habían sido educadas en la lengua francesa, y Constanza le había enseñado castellano, así que podría expresarse y entenderse con su entorno, donde se encontraba Beatriz, la infanta portuguesa casada con el rey castellano y que era de su misma edad, aquella unida con un hombre que le llevaba quince años, y esta con un niño de nueve.
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| Cripta de San Antolín, catedral de Palencia, único resto de la primitiva catedral visigótica, s. VII, con posteriores añadidos románicos, sería donde Catalina de Lancaster y el infante Enrique hicieron sus desposorios por palabras de presente en 1388, dado que la catedral gótica estaba en construcción entonces,
Por José Luis Filpo Cabana - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=43256495 |
Desde Tordesillas, Juan I invitó a Constanza a venir a Castilla para conocerse personalmente y que recibiera las villas que le había dado, ambos eran primos, pues sus padres eran hermanastros. Fueron a recibirla en su representación prelados y grandes nobles, y él la esperaba en Medina, donde le hizo los honores, con regalos de joyas, y añadió Huete a las villas que se había comprometido en el acuerdo.
Constanza tenía un especial interés en acudir a Castilla por varias razones. Desde que tuvo que salir huyendo de la persecución de Enrique II, había tenido la idea fija de regresar y cumplir con una tarea de amor y fidelidad a su padre al que idolatraba, hubo un tiempo, además en que esperaba volver como reina, ahora lo sería su hija. Y en ese regreso se incluía justicia para con los descendientes del rey, tan maltratados por Enrique, lo que se había incluido en el acuerdo de paz firmado con Juan I. Pero quedaba algo esencial, si entraba en Castilla libremente. Era la hija de Pedro I en mejores condiciones para llevarlo a cabo, y probablemente fue así, porque para ella era primordial, y para Juan I a estas alturas, y con la paz firmada y su hijo casado con la nieta de Pedro I, ya no le preocupaba que se hiciera: se trataba de enterrar dignamente los restos del rey asesinado y abandonado en una lejana tumba.
Aunque
la historia castellana sobre las vicisitudes de los restos de Pedro
es oscura y confusa en los primeros tiempos, y después complicada,
la real pudo ser la que nos transmite Jean Froissart, cronista
francés casi coetáneo de Pedro I por su fecha de nacimiento (no por
su muerte, que fue muy posterior a la del rey). Tuvo la oportunidad
de escuchar a personajes que habían vivido los hechos que narra
referidos a Castilla y Portugal, y aunque tiene errores y utiliza a
veces anécdotas fantásticas, ofrece detalles que no aparecen en
otras crónicas, y una certera visión de la vida del siglo XIV. En
Holanda conoció a Juan Fernández Pacheco, un caballero portugués
que le contó muchos sucesos que había vivido y escuchado. Se siguen
planteando algunas dudas, pero parece la versión más lógica.
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| Capilla Real de la catedral de Sevilla, grabado, s. XVII, Matías de Arteaga y Alfaro, Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde están enterrados los restos del rey Pedro I, y de María de Padilla,
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Constanza llegó en noviembre a Medina del Campo y se encontró con Juan I, le traía una corona de oro de parte del duque de Lancaster, con la que se hubiese coronado como rey de Castilla, y como ya no iba a serlo se la enviaba, también una rica copa (o cinta según algunos textos) de oro. Y después se plantearía el viaje de la duquesa a Montiel, Jean Froissart lo narra así: “A continuación Constanza con el permiso de Juan se dirigió a Montiel acompañada de caballeros que le proporcionó el rey. Al llegar preguntó por el lugar exacto donde había sido enterrado. Hizo que sus restos fueran desenterrados colocados en un ataúd y se trasladaron con él a Sevilla, donde fue acogido por una procesión de caballeros y prelados que lo acompañaron a la catedral (sería cerca del altar mayor en la entonces todavía mezquita cristianizada, donde estaban enterrados, Fernando III y Alfonso X y sus esposas) y allí se realizaron solemnes exequias.” (5)
Permaneció en Castilla y fue aceptada por las villas que había recibido de Juan I, nombró los oficiales que le serían necesarios, y dispuso las medidas para tener contacto con ellos y la buena marcha de los asuntos. Sancha de Ayala la acompañaba con otras damas (Walter Blount, su esposo, participaba en las conversaciones junto a los duques) ,así que es probable que pararan en Toledo y visitaran a Teresa de Ayala, quedando entre ellas un lazo más directo y fuerte.
Cuando
el rey acordó de verse con John de Gante entre Bayona y
Fuenterrabía, recogió a Constanza, que entonces se encontraba en
Guadalajara, y se encaminaron a Burgos, donde ella se quedó un
tiempo mientras él partía hacia Vitoria. Debió de visitar a su
hija en la corte y se despidió de ella. Volvió a encomendarle los
problemas pendientes de los hijos y nietos de Pedro I. Después
marchó hacia la frontera para reunirse con John de Gante en Bayona.
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| Bayona, Francia, desde la orilla derecha del río Adur,
Por Cham, CC BY-SA 3.0 https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2267884 |
Notas
(1) Lopes, Fernâo, Chronica de El-Rey D. Joâo I, vol. V. cap. XCII, p. 114, Lisboa,
1897. https://purl.pt/416/4/.
(2) Ibidem, p. 115.
(3) Vizconde de Santarem, Quadro elementar das relaçôes politicas y diplomaticas de Portugal, pp. 265 a 271, París, 1842. https://books.google.es/
(4) Lopes Fernâo, Op. cit. cap. XCIV, p. 121.
(5) Froissart, Jean, Chroniques, The Online Froissart, book 3, Berlin Rehdiger 3, fol. 370v (Traducción propia). https://www.dhi.ac.uk/onlinefroissart/
Regreso de Constanza de Castilla y John de Gante a Inglaterra
La muerte de las hermanas Isabel, duquesa de York, y Constanza, duquesa de Lancaster, Hertford, 1392 y Leicester, 1394, Inglaterra
El rey Juan no apareció en la corte del duque como se había comprometido, pues alegó que estaba enfermo. John de Gante no le creyó, era una disculpa forzada por la presión del rey francés que no quería que el castellano firmase un acuerdo de amistad con el inglés, para poder disponer de su ayuda cuando atacase las posesiones inglesas. El duque de Lancaster tenía razón, ya que con haber retrasado las vistas entre ellos, se habría solucionado el impedimento. Para el duque era un inconveniente, porque una de las condiciones para la ayuda de su sobrino el rey Richard había sido obtener el tratado de alianza con Castilla. Ese acuerdo no había gustado al rey de Francia ni al papa Urbano VI, que retiró el apoyo a varios obispos, entre ellos a Juan Gutiérrez obispo de Dax.
El regreso de Constanza y John de Gante a Inglaterra debió de realizarse avanzado 1389. Él volvió a sus asuntos políticos en el parlamento, y Constanza se retiró al castillo de Leicester, aunque salía de vez en cuando a otras propiedades, y llevaba una vida bastante tranquila, con sus devociones religiosas, sus lecturas, la música y, a veces, alguna jornada de caza. Tras la experiencia portuguesa y castellana, habían dejado a las dos hijas casadas con sendos reyes muy diferentes, Philippa con un caballero poco mayor que ella, con carácter y fuerte personalidad, y la relación de la pareja será buena, ella se adaptará bien a sus nuevas tierras. Mientras que Catalina tendrá unos primeros años difíciles con una situación económica muy precaria en la casa real, y al lado de un niño, taciturno y callado, que cuando se haga mayor tendrá una salud enfermiza y vivirá poco tiempo, por lo que le corresponderá a ella la regencia del reino compartida con su cuñado el infante Fernando.
La huella de Constanza en Inglaterra no fue objeto de crítica por su vida y sus acciones. Pero hubo dos situaciones en las que debió de ser juzgada negativamente, una por ser esposa de John de Gante, muy odiado por la ostentación y el lujo. Otra razón fue la reclamación del trono de Castilla y la marcha de un ejército para tomar aquel reino, que significó sacrificio y gastos por una dama extranjera. Por lo demás, los historiadores de la época como el terrible monje Thomas Walsingham, el poeta anónimo de Athelston o Geofrey Chaucer dan idea de una mujer discreta, religiosa y de vida según el modelo de la época, para las damas nobles y reinas.
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| Río Soar y parque del castillo de la mota de Leicester, Inglaterra, con la iglesia de Santa María de Castro al fondo,
By Mat Fascione, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4620491 |
“En la fiesta de san Pedro ad Víncula (el primero de agosto, O.S.), 1390, el duque de Lancaster recibió a Ricardo II, y su reina, el arzobispo de York, el duque de York, el duque de Gloucester, el conde de Arundel, el conde de Huntingdon, y otros muchos otros señores y obispos, en su residencia en Leicester. Su visita duró por varios días. Ocupaban su tiempo principalmente cazando en el contiguo parque y bosque. Durante el año que siguió a este evento, el duque de Lancaster residió principalmente en Leicester.” (1) Constanza estaba presente, pues también residía a menudo en aquel castillo, muy bien acondicionado para vivir permanentemente. Además la estancia del rey y de la reina exigía la presencia de los duques en una de sus casas más queridas. Constanza asistiría a las jornadas de caza, al igual que lo había hecho otras veces invitada, por ejemplo, por el obispo de Londres, Braybrooke en su residencia palacio de Hertfordshire, Much Hadham.
Isabel llevaba una vida más retirada que en los primeros tiempos, sabemos muy poco de ella y menos aún de sus últimos años. En 1385 su esposo fue nombrado duque de York, por lo que desde entonces ella disfrutó de ese tratamiento en la corte. El monje Thomas Walsingham, que la había criticado duramente cuando era muy joven, al recoger su muerte aunque con fecha errónea, dice de ella “(…) al final se arrepintió y se convirtió.” (2) Falleció con 37 años, en noviembre o diciembre de 1392 en el castillo de Hertford y probablemente fue enterrada en la iglesia del priorato de los dominicos de King’s Langley, que estaba junto al palacio.
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| Isabel de Castilla, duquesa de York, miniatura, manuscrito, ca. 1470, anónimo, British Library, Harley MS 7353, - https://www.bl.uk/manuscripts/FullDisplay.aspx?ref=Harley_MS_7353, Public Domain, https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=29166117 |
El duque de Lancaster en los años 1391, 1392 y 1393, a pesar de estar centrado en la preparación de los tratados de paz con Francia, y en viajes al continente, iba a menudo al castillo y estaba en compañía de Constanza. El 24 de marzo de 1394, en una de sus ausencias, negociando en Gascuña una paz con los duques de Berry y Borgoña, la duquesa falleció con 39 años en el castillo de Leicester. Fue enterrada con gran magnificencia por el gasto que significó su hermoso enterramiento de mármol (3) en la iglesia colegiata de Nuestra Señora, cerca del altar mayor donde estaban inhumados antepasados de la casa de Lancaster. Sobre su tumba se colocó una imagen de bronce ataviada como reina. Su esposo el duque no pudo regresar de inmediato, cuando volvió se ofició su funeral el 29 de junio, y mandó que cada año se rezaran misas y funerales en su recuerdo.
Constanza no ha sido motivo de una biografía, y su vida en Inglaterra exige rastrear a otros personajes que la rodearon, empezando por su esposo el duque. Su imagen nos llega como una mujer equilibrada y paciente y que se adaptó muy bien a las circunstancias. A pesar de no conseguir volver a su tierra de origen para ser reina, tal vez su mayor anhelo, transmitió a su hija un gran amor por Castilla, por el rey Pedro y sus antepasados, y la conciencia de la usurpación del trono por un hermanastro asesino, cuyo hijo seguía maltratando a la descendencia de Pedro y a sus leales seguidores. La duquesa llevó una vida gratificante y plena, con un marido a menudo ausente por sus obligaciones políticas y la relación con una amante. Sin embargo, el supo tratarla como a una reina, reconociendo la importancia que tenía en su vida. Tuvieron tres hijos de los que sólo sobrevivió Catalina.
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| Iglesia de Santa María de Castro, s. XII, en el castillo de la mota Leicester, Inglaterra, donde fue enterrada en 1394 Constanza de Castilla, duquesa de Lancaster,
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Las dos hijas de Pedro I de Castilla habían pasado más de la mitad de sus años en Inglaterra, ambas tuvieron un trato y un ambiente propio de duquesas inglesas, rico, elegante y refinado. Parece que Isabel no añoraba Castilla, no tenía el objetivo de Constanza, y se amoldó a su situación en una mansión inglesa como noble de alta alcurnia, al lado de un marido poco brillante, al que dio tres hijos.
El trono de Castilla, una herencia envenenada
La muerte de Leonor, infanta de Aragón y reina de Castilla
Castillo de Cuéllar, 13 septiembre 1382
Para Juan I, heredar el trono de Castilla de la forma que lo había obtenido su padre, fue un camino de espinas durante bastantes años, le dio más temores que satisfacciones. La bastardía de Enrique y el asesinato del rey legítimo, que era su medio hermano, habían escandalizado a las monarquías vecinas, entre otras razones porque representaba un peligroso y mal ejemplo de conseguir la corona. Juan temía algún ataque de Portugal y, sobre todo, la amenaza del duque de Lancaster, el príncipe inglés reconocido en Inglaterra como rey de Castilla por su matrimonio con Constanza, la hija heredera de Pedro I, que en cualquier momento podía invadir su reino. No tardaron en materializarse sus temores, tuvo noticias de que el hermano de Lancaster, el conde de Cambridge, con un ejército de arqueros y soldados había llegado a Portugal con intención de entrar en el reino.
A principios del año 1381 Leonor, la reina de Castilla, estaba embarazada de nuevo, y en julio se dirigió a Cuéllar, para estar allí cuando naciera la criatura. El castillo se encontraba en la parte más elevada de la villa y cerraba las murallas que la abarcaban. Tenía unas estancias bien dispuestas para que la familia real pasase temporadas, por lo que lo eligió como un lugar cómodo y fresco para aposentarse en aquellas fechas. El rey estaba muy ocupado con las negociaciones con Portugal para el matrimonio de su hijo menor, Fernando, con la infanta portuguesa, y con los problemas que le generaba su hermanastro Alfonso Enríquez, conde de Noreña.
Leonor tenía noticias de que Juan se encontraba en Badajoz y vendría en breve hacia Castilla, ahora estaba acompañada por sus damas. Aunque no tenemos información, probablemente como en los otros partos, el rey habría llamado a alguna buena comadrona, y estarían con ella alguno de sus físicos, además del capellán, el confesor y todos los oficiales de la casa de la reina. Para sus aposentos, las sirvientas habían traído romero y tomillo de los campos cercanos, y habían alfombrado la sala para que su aroma y frescor contribuyera al bienestar de la parturienta. Cuando se acercaba la fecha Leonor, como todas las mujeres de aquel tiempo sentía miedo, era un acontecimiento que se llevaba la vida de muchas de ellas y de los niños que venían al mundo.
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| Recreación de una sala de las damas, Castillo de Cuéllar, Segovia, s. XIII-XVIII, en algún aposento similar, la reina Leonor tuvo un mal parto, y fallecieron ella, y la niña que alumbró,
Por Romerin - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6979062 |
El día que se puso de parto todo estaba preparado, y era un ir y venir de mujeres con paños limpios de lino y recipientes de agua fría y caliente. Dos damas la llevaban del brazo para que anduviera cerca de la cama, porque se consideraba conveniente, e iban diciendo oraciones a la Virgen María, pidiendo un parto benigno y un recién nacido saludable. Es posible que rezaran el salterio de María, un precursor del rosario, que franciscanos y dominicos estaban fomentando entre sus seguidores.
Sería un mal alumbramiento, nació una niña y Leonor debió de sufrir mucho durante su nacimiento, tal vez tuvo una hemorragia, no pudo resistirlo y falleció. La pequeña la siguió a los pocos días. Rápidamente la noticia fue llevada por un mensajero al alcázar de Madrid, donde ya había llegado el rey, a continuación él mandó que la trasladaran a Toledo, para ser enterrada en la capilla de los reyes nuevos de la catedral, fundada por Enrique II. Tenía alrededor de veintitrés años, llevaba seis casada y había tenido tres hijos de los que sobrevivían dos.
A Pere IV en Aragón le envió una carta dándole la triste nueva, y el monarca se sintió muy afectado por la muerte de su hija. Le respondió consolándolo y diciéndole que seguiría teniéndole como hijo. También le escribieron la reina Sibila y la duquesa de Gerona, Violante de Bar. Pedro vistió luto por Leonor y lo dejó hacia Navidad, respetando el tiempo que se acostumbraba para estos duelos. (4)
Notas
(1) Thompson, James, The History of Leicester, p. 169, Leicester and Londres, 1849. https://books.google.es/
(2) Walsingham, Thomas (monje de San Alban), Historia Anglicana, vol. II, p. 215, Londres, 1864. https://books.google.es/
(3) Armitage-Smith, Sidney, John of Gaunt, pp. 357 y 358. Nueva York, 1873. (Traducción propia). https://archive.org/details/johnofgaunt001003mbp
(4) La muerte en la corona de Aragón. Cartas de condolencia y anunciadoras de fallecimientos, (siglos XIII al XVI) docs. 141, 142, 143 y 145. Fuentes Históricas Aragonesas, 82, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2018. https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/36/82/_ebook.pdf
Una boda inesperada: Beatriz, infanta de Portugal con Juan I, rey de Castilla
En el tiempo revuelto que Juan I estaba viviendo surgió un extraño cambio de planes, el acuerdo de boda con Portugal ya no sería entre la infanta Beatriz y el infante Fernando, sino entre el propio rey y la niña portuguesa. Juan vio en esta boda inmediata, la oportunidad de hacerse con la corona del reino vecino, pues sabía que el rey Fernando I estaba muy enfermo, y también una manera de acabar con los continuos enfrentamientos bélicos entre ambos.
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| Bóvedas de la catedral de Badajoz, donde se celebró la boda entre la infanta Beatriz de Portugal y el rey Juan I de Castilla, http://www.monumentosdebadajoz.es/catedralint.htm |
Beatriz debió de vivir las solemnidades de Badajoz con todas las esperanzas de ser la esposa del rey de Castilla y ella reina de Portugal, unos grande horizontes para su vida. Cuando se integró en la corte castellana conoció a sus hijastros, dos niños muy pequeños que no recordarían a su madre: Enrique tendría alrededor de tres años y Fernando no había cumplido los dos. Enrique debía de ser tímido y callado, tal vez es la imagen que nos transmite la escasa información sobre él, mientras que Fernando era más expansivo y cariñoso. Ella se convirtió en la referencia materna que no tenían, y mantendrán muy buena relación, el heredero respetuoso y cumplidor de todas las obligaciones filiales hacia ella, y el pequeño de verdadero afecto que les unió de por vida. Beatriz será una madre para Fernando, y la correspondencia entre ambos mostrará ese amor.
Tras la fastuosa boda, Juan tuvo que acudir a Gijón donde su hermanastro Alfonso Enríquez estaba abasteciendo sus fortalezas, y lo cercó. Casi apurado el plazo que el rey le había dado para rendirse, envió a su esposa Isabel a pedirle que tuviera merced y piedad de él y de ella. “E nos, commo quier que vieremos el estado en que lo teniamos, nos parando mientes a Dios e a la grand piedat e conpasion que oviemos de la dicha Condesa, por ser fija del rey de Portugal, (era hermanastra de Beatriz, la esposa de Juan) nuestro suegro, e por el debdo que ha connusco e con la reyna mi muger, (…) nos moviemos a aver piedat del e le perdonamos todos los yerros que fasta agora nos tenia fechos, e les aseguramos que fuese seguro de su vida.” (1)
No será la última vez que Juan perdone a su hermanastro, pues Alfonso era obstinado y desleal en su conducta, y arrastraba a su esposa y a sus hijos a situaciones límite. El rey tenía que castigarle de algún modo, y le quitó los castillos, villas y lugares que tenía en el reino, y le hizo jurar sobre la hostia consagrada con pleito y homenaje bajo pena de traición que, desde entonces le sirviera bien. Ceremonias que Alfonso olvidaba una y otra vez en su vida.
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| Los niños de Hünselbeck, óleo sobre lienzo, 1805-1810, Philipp Otto Runge, Galería de Arte de Hamburgo,
- The Yorck Project (2002) 10.000 Meisterwerke der Malerei (DVD-ROM), distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH. ISBN: 3936122202., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=158639 |
Como dice el rey, ya no le quedaba nada más que su cuerpo, y sus hijos Beatriz y Fernando, que el monarca les tomó para criarlos en la corte. La reina Beatriz tendrá desde entonces además de los hijos de Juan, a sus pequeños sobrinos a su cargo, porque Isabel era su hermanastra. Juan se dirigía a León a tener Cortes y se llevaba con él a ambos esposos, condes de Noreña. (2)
La rápida sustitución de una reina por otra en todas las facetas de la vida, es prueba de cómo se aceptaban los sucesos vitales. Juan se había casado con Beatriz en febrero, cinco meses después de morir Leonor, y en septiembre aquella ya había recibido el pleito homenaje de los procuradores de Cuéllar, donde un año antes había fallecido su antecesora Leonor, porque ahora la villa había sido dada en arras a la nueva reina. (3) Las posesiones de Beatriz cambiarán varias veces, porque tanto el rey Juan, como su hijo Enrique, utilizarán algunas de ellas para hacer mercedes a personajes que les interesaba mantener a su lado, y tendrán que dar a la reina otras en permuta.
Estando en Torrijos la corte castellana, llegaron noticias de Portugal, el rey Fernando había muerto en octubre de 1383. En la catedral de Toledo los reyes asistieron a las exequias por el padre de Beatriz, después Juan se dijo rey de Portugal y quería entrar en el reino para que su esposa tomase posesión del trono. En su consejo las opiniones estaban divididas, pues había quienes le pedían que esperara a conocer la voluntad de los grandes de Portugal. Poco después el rey mandaba apresar a su hermanastro Alfonso Enríquez, y lo envió al castillo de la Puebla de Montalbán, a continuación al alcázar de Toledo y finalmente al castillo de Almonacid, bajo control del arzobispo de Toledo, donde estaría encerrado cerca de siete años, porque se habían interceptado cartas suyas enviadas a Portugal para realizar una conspiración. También hizo apresar a Joâo, hermanastro del rey Fernando, que se encontraba en Castilla desde sus desavenencias con este. Temía que quisiera apoderarse de la corona lusa porque tenía partidarios que lo apoyaban.
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| Caballos pastando entre jaramagos, fotografía: Pilar Alarcón |
Beatriz se ocupaba de los asuntos de Cuéllar y en enero de 1384 escribía al concejo de la villa tranquilizándolos, porque allí corría el rumor de que iba a entregarse al mayordomo mayor de la reina, que era portugués, y esposo de una de sus damas. Ella les aseguraba que iba a seguir perteneciendo a la corona. Más adelante mandaba la reina que la junta general se celebrase en el portal de San Francisco, así como que ninguna persona de la villa ocupase ningún oficio sin su licencia. (4)
Poco después, Juan y Beatriz con algunas tropas, entraban en Portugal. No fue bien visto por los portugueses, en buena medida manipulados por voces interesadas, y lo interpretaron como una invasión de gente de armas. Los hechos desencadenaron una violencia furiosa. El maestre de Avís asesinó a Juan Fernández Andeiro, y la reina Leonor huyó a Alenquer y después a Santarem, acabando por pedir ayuda a su yerno, que estaba en Guarda. Beatriz irá viendo como su reino estaba muy dividido, y unos la rechazaban a ella como mujer para ser reina, porque preferían un hombre, y por haberse casado con el castellano.
Ya hemos visto desde Portugal lo que fue sucediendo, cómo Leonor renunció a la regencia y después se percató del gran error cometido, enfrentándose entonces a su yerno. Este reaccionó enviándola custodiada al convento de Santa Clara de Tordesillas para ser recluida allí. La nueva reina de Castilla tendría emociones contradictorias, debía lealtad a su madre, pero también a su esposo, el soberano del reino vecino del que también ella era reina. Sabía perfectamente que encerrar a Leonor en un monasterio era tan duro como la muerte.
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| Beatrice, retrato de Jane Morris, óleo sobre lienzo, 1879, Dante Gabriel Rossetti, colección privada,
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Dante_Gabriel_Rossetti_-_Beatrice_(1879).jpg |
Tuvo que seguir los pasos de su marido de un lugar a otro, la ofensiva de Juan fue infructuosa, porque en el cerco de Lisboa se presentó la peste diezmando a su ejército, por lo que levantó el asedio, y además no tenía fuerzas suficientes para sofocar las revueltas diseminadas por el reino. El apoyo creciente de muchos portugueses a Joâo de Avís, que se había autoproclamado “defensor del reino”, le estaba comiendo el terreno. Por fin los reyes y el reducido ejército cruzaron de nuevo la frontera hacia Castilla. No faltaba mucho tiempo para que les siguieran grandes nobles, caballeros, prelados y religiosos clementistas, que acabarían exiliados alrededor de la reina Beatriz.
Estando en Sevilla, Juan se puso muy enfermo, y Beatriz vio de cerca la sombra de la muerte de su esposo, tuvo miedo, pues sabía lo que significaba quedarse como reina viuda en un reino extraño, y con la situación en que se encontraba su tierra. Pero él superó la dolencia y comenzó a preparar la invasión armada de Portugal, donde el maestre de Avís ya se había proclamado rey. La primera batalla que se lidió fue en Trancoso y resultó un fracaso para los castellanos, preludio de lo que iba a suceder en Aljubarrota, donde el desastre fue tal, que Juan y el reino castellano sufrieron una durísima derrota de la que tardaron mucho en recuperarse. El sentido último de aquella destrucción se interpretó como un castigo de Dios por el orgullo de los Trastámara, y había que purgarlo. Juan I se vestirá de luto y pedirá en las Cortes que lo hagan todos. Probablemente ese sentimiento de culpa impregnará su actitud frente a Constanza y John de Gante, cuando llegue a un acuerdo con ellos, reconociendo implícitamente que Constanza era la heredera legítima del trono de Castilla.
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| Rueda de la Fortuna sostenida por la reina Fortuna, a la izquierda la dama Doctrinal acompañada por figuras masculinas Texto Sagrado y Escrituras y dos femeninas Glosa y Moralización que ayudan a subir a las personas, pero luego caerán, miniatura, manuscrito, s. XV, John Lidgate, El libro de Troya, Biblioteca de Manchester, Reino Unido, http://www.library.manchester.ac.uk/inthebigynnyng/manuscript/ms1/ https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17589499 |
La rueda de la fortuna volvía a girar y ponía a estos monarcas frente a una situación muy similar a la que ellos habían provocado obligando a exiliarse a numerosos naturales de su tierra. Un ejemplo de este desgarro en Portugal, lo representa la familia de Pedro Rodríguez de Fonseca, su esposa Inés Díaz Botello y sus hijos Beatriz, Juan y Pedro de Fonseca. El padre fue consejero del rey Juan; la madre, dama de la reina Beatriz; y sus hijos, cargos en la corte. Pedro que estudiará Derecho en Salamanca, llegará a ser capellán mayor de la reina, sucederá a Álvaro Gil como chantre de la catedral de Salamanca, y será un importante personaje en la Iglesia, como cardenal entre otros cargos. Alrededor de la reina se formó un grupo de exiliados que se quedarán en Castilla, y ella los ayudará toda su vida.
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| Una justa en honor de Constanza de Castilla y John de Gante, en Betanzos, Coruña, miniatura, manuscrito, s. XV, Crónicas, Jean Froissart, BnF,
By Jean Froissart - This file comes from Gallica Digital Library and is available under the digital ID btv1b8438606x, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=122225500 |
Pronto Constanza de Castilla y John de Gante desembarcaban en Coruña con sus grandes nobles y una tropa de arqueros y soldados, dispuestos a recuperar la corona. Se avecinaba una etapa de escaramuzas y de una guerra de baja intensidad, aunque Juan I sabía que el usurpador portugués iba a apoyarles en sus reivindicaciones con un nutrido ejército, él rehuyó de un enfrentamiento directo, Aljubarrota estaba muy cercana en su memoria. Finalmente el desgaste de más de un año, acuciados por la peste y los problemas de abastecimiento por falta de recursos, John de Gante y Constanza entablaron conversaciones con los embajadores de Juan para considerar la primera propuesta del rey: casar a Enrique heredero de la corona, con Catalina de Lancaster, hija de los duques, además de otras condiciones.
En septiembre de 1388 Catalina se desposaba con Enrique en la catedral de San Antolín de Palencia. Probablemente en la cripta románica, porque la construcción de la iglesia gótica tenía sólo la cabecera. Como era costumbre tras la ceremonia religiosa Juan dio banquetes a sus invitados entre los que se encontraba el séquito de caballeros y dignatarios ingleses que había acompañado a la hija de los duques, hubo torneos y justas, así como juegos y bailes.
Es difícil imaginar cómo se encontraría la joven Catalina en un ambiente totalmente diferente del que venía, tenía muchos planes, era consciente de que aquella boda restablecía la legitimidad del rey Pedro, ella era su nieta y se sentaría en su trono, y desde ahí podría curar heridas y hacer justicia con sus descendientes, y cumplirá a la perfección el papel que hubiera hecho su madre, ayudando y apoyando a todos aquellos que aún permanecían vivos, y a los que su mano de reina podía alcanzar.
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| Casamiento de Isabel de Jerusalén y Hunfredo IV de Torón, miniatura, s. XIII,
Por Anónimo - http://visualiseur.bnf.fr/ConsulterElementNum?O=IFN-08101723&E=JPEG&Deb=30&Fin=30&Param=C, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9503443 |
Por ahora se trataba de adaptarse a una corte diferente, casada con un príncipe más joven al que tendría que esperar que cumpliera la mayoría de edad para poder consumar el matrimonio. Entre ella y la reina, la infanta portuguesa, se establecería una relación de amistad. Dos jovencísimas damas a la cabeza de la corte, donde Catalina se quedaría a vivir. Una corte empobrecida por los sucesos de los últimos años, desde las batallas con Portugal hasta la indemnización que estaba siendo pagada a los duques de Lancaster. Beatriz, a pesar de sus casi dieciséis años, hacía de madre de los infantes Enrique y Fernando, y de los hijos de Isabel y Alfonso Enríquez, que de nuevo había intentado maquinaciones contra el rey. Era ella la que se ocupaba de controlar que la casa real marchara adecuadamente. Tal vez esa poca edad motivaba que no se quedara embarazada, lo que le hubiera facilitado otra situación con respecto a Portugal, porque su hijo hubiera sido el heredero indiscutido del trono luso.
Notas
(1) Documentos de Juan I, Colección de documentos para la historia del reino de Murcia, doc. 126, Edición, vv. aa., Murcia, 2001. https://www.cervantesvirtual.com/obra/documentos-de-juan-i--0/
(2) Ibidem.
(3) López de Ayala, P., Crónica de los reyes de Castilla, rey don Juan I, tomo II, p. 175, nota 1 de E. Madrid, 1780.
(4) Velasco Bayón, B. (O. Carmelita) el alt., Colección documental de Cuéllar (934-1492) vol. I, Docs. 163, 164, 167 y 168. Cuéllar, 2010. https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.do?id=19995
Catalina de Lancaster, reina de Castilla, pacificadora y fundadora
Catalina se despidió de su madre en el último viaje que esta hizo a Castilla entre noviembre de 1388 y febrero de 1389. Las dos sabían que no se verían nunca más, se escribirían, sí, sabrían la una de la otra, pero era un adiós para madre e hija. Los primeros tiempos de la joven en Castilla debieron de ser difíciles, pero comenzó a asumir tareas, visitó las villas y lugares que le habían sido dadas por el rey, y empezó con la idea de poner en marcha las obras de algún monasterio en los que dejaría su impronta, probablemente fue el caso de Atienza, donde conoció la pequeñez del cenobio franciscano, y decidió construir uno nuevo con un hermoso templo.
Era una villa con muchas iglesias antiguas y con una potente fortaleza, porque se encontraba en un lugar estratégico en la línea fronteriza con el reino de Aragón, lo que facilitaba el comercio y el transporte dándole vitalidad, aunque también enfrentamientos entre ambos reinos. La infanta pudo empezar las obras en los años noventa, y es posible que escribiera a sus padres para pedirles canteros constructores ingleses especialistas en el estilo normando, porque los restos que nos han llegado tienen esa influencia. Poco después vendrían la fundación en Mayorga, y la magna obra del monasterio de Santa María la Real de Nieva en la Puebla de la villa de Santa María, creada también por ella.
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| Tabla que representa la aparición de la Virgen de la Soterraña al pastor Pedro Amador, cerca del lugar de Nieva, anónimo de fecha desconocida,
Por Osado - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8931726 |
La corte estaba posando en el alcázar de Segovia, cuando en 1392 el obispo de Segovia, Alfonso de Frías, solicitó ser recibido por la reina. Venía muy emocionado por un suceso acaecido en un lugar de su diócesis. Se trataba de la aparición de la virgen de la Soterraña a Pedro Amador, un pastor que apacentaba sus ovejas en un lugar cercano al lugar de Nieva. La aparecida le había mandado que se buscase su imagen enterrada allí, donde debería construirse un templo. El zagal fue a ver al obispo y le contó lo ocurrido, pero no le creyó y lo despidió de su palacio, pero tras una segunda aparición, el prelado organizó una expedición para cavar en el lugar que decía Pedro Amador, donde se encontró la imagen de la virgen de la Soterraña. (1)
Las versiones sobre la aparición difieren en si la reina estuvo presente en el momento de su localización o fue después, una vez encontrada. El caso es que Catalina tomó la iniciativa del cumplimiento de lo mandado por la virgen, que temporalmente fue colocada en la ermita de Santa Ana, que también rehabilitó la reina, mientras se construía un santuario. El papa Clemente VII había dado dos bulas apoyando el proyecto con un prior y seis capellanes, y dando indulgencias a los que visitaran la ermita, y después Benedicto XIII concedió otras más a quienes dieran limosnas para su construcción. Quedaba así en sus manos el patrocinio y puesta en marcha de aquella obra.
En 1399 la reina expidió una carta para que se entregase la imagen y el convento a la orden de Santo Domingo y se realizó una solemne procesión hasta el nuevo santuario. En seguida empezaron a acudir numerosos peregrinos a orar y pedir algún favor a la virgen, a su alrededor crecía la vida, así que Catalina fundó la Puebla de la villa de Santa María, a la que dio privilegios y franquezas y fue poblándose en su entorno. El aumento de romeros y visitantes hizo que la iglesia se quedara pequeña y la reina decidió su ampliación con una nave, el crucero y el ábside, además de un extraordinario cenobio que, a través de los años de su construcción, ha llegado hasta nosotros como el magnífico monasterio que sigue siendo hoy.
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| Escudo de la reina Catalina de Lancaster y su esposo Enrique III, en el capitel undécimo de la galería oeste del claustro del monasterio de Nuestra Señora de la Soterraña, en Santa María la Real de Nieva, Segovia, s. XIV-XV, fundación de la reina Catalina tanto el convento como la puebla,
Por Osado - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9093878
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Al poco de llegar y casarse con Enrique, Catalina ya había iniciado la relación con sus familiares castellanos. Su madre Constanza, a través de Sancha de Ayala, la había puesto en contacto con Teresa de Ayala, que había entrado en la clausura del monasterio de Santo Domingo el Real de Toledo y que le servirá de enlace con el resto de la familia. En agosto de 1392, conocedora de que la hija de Teresa, María de Ayala quería entrar también como monja de ese monasterio, donde su madre ya era priora, escribía a su tesorero mayor: “(…) que mi merced es, de mandar dar a doña maría, mi tía, fija del Rey don Pedro, mi avuelo, que dios de santo parayso, çien mill maravedis para con que ponga velo, pero en el monesterio de santo domingo el Real de la çibdat de toledo, (…)” y da instrucciones de cómo recaudar y dar los pagos. (2) María era hija de Teresa de Ayala que había sido amante del rey Pedro muy brevemente.
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| Vista y plano de Toledo, óleo sobre lienzo, 1610-1614, Domenikos Theotocopoulos, Museo del Greco, Toledo,
https://turismo.toledo.es/recursos/museos-y-monumentos/id593-museo-del-greco.html |
En noviembre de 1393 Catalina se dirigía a los contadores mayores del rey para que le pagasen 20.000 maravedís cada año en toda su vida, de las rentas que correspondían a la reina en el arzobispado de Toledo. La ayuda de Catalina se extenderá a Diego, otro hijo del rey Pedro, que seguía preso en el castillo de Curiel de Duero, a sus hijos, y a los hijos de Juan que fallecerá en el castillo de Soria sin ser liberado.
Por su parte, la reina Beatriz velaba por sus posesiones, y encargaba al chantre de la catedral de Salamanca y su alcalde mayor de las alzadas, que sentenciara y pusiera mojones que limitase los términos que rodeaban a la villa de Cuéllar, y mandaba que lo acompañasen en esa labor cuatro hombres buenos de esta. La tarea llevará tiempo y numerosas comunicaciones. (3)
Notas
(1) de Colmenares, Diego, Historia de la insigne ciudad de Segovia, tomo II, pp. 197 a 200, Segovia, 1846.
(2) García Rey, V., La famosa priora doña Teresa de Ayala, pp. 733 y 734. Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo 96, 1930. https://www.cervantesvirtual.com/
(3) Velasco Bayón, B. (O. Carmelita) el alt., Colección documental de Cuéllar (934 1492) vol. I, docs. 173 a 178, Cuéllar, 2010. https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.do?id=19995




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